Pueblo frente al mar

Pueblo frente al mar

    Las minas de carbón de Cabo Bretón, en Canadá, enmarcan esta historia que transcurre en 1950. Su protagonista, un niño de unos ocho o nueve años, disfruta del que podría ser su último verano con días de luz antes de rendir su infancia a la mina, siguiendo los pasos de su padre. Disfruta del sonido de las gaviotas al despertar, de las vistas del mar desde su ventana, de las mañanas de juegos al aire libre… en contraste con la claustrofóbica e inquietante mina en la que transcurren las jornadas de su padre. Sabe que algún día él estará a allí porque es la tradición. Su abuelo fue minero, su padre es minero y él pronto será también minero. Algo que habitualmente sucedía entre los diez y los doce años. Las cosas son así en su “Pueblo frente al mar” y se resigna. La propuesta gráfica acompaña muy bien al texto y transmite a los lectores (a partir de 6 años) esos contrastes, las emociones que genera la situación en el personaje protagonista, jugando con transiciones entre ilustraciones a doble página y viñetas de distinto tipo que otorgan diferentes ritmos a la narración y dirigen la mirada del lector hacia diferentes detalles. En ellas, además, hay mucho negro, de tal forma que el color del carbón está muy presente a lo largo de todo el relato. Las minas de Cabo Bretón no son las únicas minas que se internan profundamente bajo el mar. También las hay en Ellington y Durham, en Gran bretaña, y en los pueblos de Lota y Coronel, en Chile, aunque ya están cerradas. Este álbum de Joanne Schwartz y Sydney Smith rinde homenaje a todos los hombres que trabajaron en ellas en condiciones deplorables; obreros que, además, fueron los primeros en organizarse para lograr mejores condiciones de trabajo y sueldos más dignos y que, en muchos países, fueron los pioneros del movimiento sindical.